Solicitud del maquinista


Francisco José Garzón ya es tristemente conocido en todo el Estado como el maquinista del tren protagonista de uno de los peores accidentes ferroviarios de la historia de España. De momento, es también el único imputado por el descarrilamiento de Santiago de Compostela, que provocó 79 muertos y más de un centenar de personas heridas.

Esta ha sido una semana clave para aclarar los últimos movimientos de Garzón antes del accidente. Por ahora, el juez que instruye el caso, Luis Aláez, se centra en la conducta presuntamente negligente del conductor, es decir, la velocidad a la que conducía el tren -190 km/h- por un tramo donde el máximo permitido era de 80 km / h. Viernes se hizo público, gracias al exhaustivo análisis del contenido de las cajas negras del convoy, que en el momento en que salió de la vía el tren iba a 179 km / h (Garzón ya había activado uno de los frenos de emergencia). Ni siquiera la aparición de una segunda persona en la escena previa al accidente-l’interventor, que viajaba en el mismo tren y que llamó al maquinista pocos segundos antes del descarrilamiento-ha desviado la atención sobre Garzón. Esta llamada-imprudente también, ya que los manuales aconsejan no coger el teléfono en puntos conflictivos como aquel-coincidió con el primer señal sonora que alertaba al conductor de la proximidad de la curva de A Grandeira. Él, sin embargo, todavía tardó un minuto en colgar el teléfono.

Una combinación de imprudencias que tuvieron el peor de los resultados. “La gravedad de la negligencia no tiene nada que ver con el resultado, sino que depende de la conducta”, explica el abogado penalista Carles Monguilod, que define imprudencia como “no prever lo previsible ni evitar lo que es evitable”. Monguilod defendió los propietarios del catamarán turístico El Ganso, que naufragó en 1998 en el lago de Banyoles y provocó la muerte de 21 jubilados franceses. Dice que en casos de muerte por negligencia grave en el Código Penal prevé penas de hasta un máximo de cuatro años, mientras que si es leve puede ser sólo una multa.

El Código Penal es poco claro a la hora de diferenciar una imprudencia leve o grave. “En este sentido, hay inseguridad jurídica. El Código Penal no fija unos criterios, sino que es de lógica y sentido común”, dice Monguilod, que reconoce que en este caso todo apunta a una negligencia “bastante grave”, ya que, además, se trataba de un conductor experimentado.

Sobre la llamada del interventor, asegura que a pesar de que el pudiera distraer parece que en un principio es un hecho independiente. “Algunos sectores jurisprudenciales dicen que, si hay una conducta negligente capital, las pequeñas sumas no tienen trascendencia porque no afectan el resultado: la causa principal es la velocidad inadecuada”, recuerda.

Aparte de la responsabilidad del maquinista, que en este caso parece clara, el abogado subraya que hay que analizar el papel de Renfe y Adif-que, en todo caso, sí serán responsables civiles-para ver si “tenían obligación o no de establecer otro sistema de seguridad “.

Medidas necesarias

El sistema de seguridad del tren avisó hasta tres veces el maquinista que debía frenar hasta los 80 km / h, pero esa parte de la vía, como es convencional, no utiliza el sistema de seguridad más moderno, que prevé un frenazo automática. “Para poder plantear una responsabilidad penal de la administración (o del encargado en materia de seguridad) debe poder sostener que era consciente de que el punto faltaban medidas de seguridad y que no puso todos los medios necesarios para evitar la fuente del peligro “, explica Olga Tubau, que asegura que en este caso queda” muy difusa “porque es una vía por donde han pasado muchos trenes sin que nunca antes hubiera habido un accidente.

“Es objetivo que es un tramo más complicado, pero la medida de seguridad que se determinó para controlar el peligro había resultado correcta hasta ahora: había que reducir a 80 km / h kilómetros antes de la curva”, recuerda. Tubau, que también defendió un imputado en el caso del catamarán L’Oca, detalla que en estos casos se debe tener en cuenta “el principio de confianza”. “Se ponen las medidas necesarias (prohibido hablar por teléfono, obligación de reducir, un maquinista auxiliar, etc.), Pero es una actividad de riesgo, no se puede prever todo”, dice, aunque subraya que la confianza no puede servir “para desentenderse”.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*