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31.03.2013

Déficit si, Consulta no

Deshielo deficitario. Artur Mas y Mariano Rajoy acordaron la flexibilización del déficit de la Generalitat en una esperada reunión secreta a principios de semana. Pero el desplazamiento discreto del presidente de la Generalitat en Madrid, lejos de los focos de las cámaras, no favoreció el acercamiento de las posiciones de los dos gobiernos sobre la consulta soberanista. A la hora de abordar el proyecto nacional de la legislatura, se mantienen a años luz, en un proceder antitético al de Escocia y el Reino Unido. A pesar de las discrepancias, Mas y Rajoy no quieren ahogar las vías de diálogo institucional sino todo lo contrario.

Para los de Mas, las conversaciones al máximo nivel, pero también de los consejeros con los ministerios, deben lubricar la complicada gestión financiera de la Generalitat y facilitar el desarrollo de las políticas sectoriales. De momento, sin embargo, la predisposición estatal para ensanchar el 0,7% de déficit para este año no ha catalizado en un “sí” oficial y, desde el pasado lunes, CiU exige “resultados” al PP porque en concrete el porcentaje. El gobierno catalán pide para Cataluña un tercio del déficit público que fije Bruselas para el conjunto del Estado español. Mientras tanto, en cuanto a la vía soberanista, el ejecutivo se carga de razones para si llega el momento de explicar a los ojos del mundo la negativa de Rajoy a facilitar la convocatoria de un referéndum como el escocés.
En la plaza Sant Jaume han cubierto la reanudación del diálogo con un velo de secretismo. El presidente lanzó el mandato del deshielo hace dos semanas al Consejo Ejecutivo en un encuentro secreto, aunque se filtró la información y dos polémicas fotografías a posteriori. Este cara a cara entre Mas y Rajoy, que confirmaron los ejecutivos español y catalán, es el primer desde que el líder de CiU fue reelegido presidente. De ahí su excepcionalidad. No es habitual que el primer encuentro institucional entre los presidentes tras unos comicios sea discreta. El protocolo dicta que figure en la agenda de los dos gobernantes y se rindan cuentas. Pero los dos ejecutivos han conjuraron para explicar los detalles a posteriori y con cuentagotas.
CiU, mediante el portavoz parlamentario Jordi Turull, midió el adjetivo para calificar la reunión: “agridulce”. Fuentes de los dos gobiernos no quisieron confirmar si la reunión se produjo el lunes, la fecha más probable teniendo en cuenta las agendas de Mas y Rajoy. “Es bueno que haya un espacio de relación entre los dos presidentes en los que se pueda hablar sin la presión que representa tener los medios en la puerta”, defendía en febrero el consejero de la Presidencia, Francesc Homs.
La última reunión oficial fue la del 20 de septiembre, retransmitida con luz y taquígrafos en La Moncloa. Era el colofón de varias reuniones previas, posteriormente reveladas por el mismo Mas. Se convirtió en la escenificación del fin del mandato: el del portazo definitivo al pacto fiscal y la precipitación del adelanto electoral días después de la multitudinaria manifestación del 11 de septiembre.
Los comicios del 25-N envenenaron las relaciones entre CiU y el PP, sobre todo por las informaciones sobre Mas y el expresidente Jordi Pujol en El Mundo, utilizadas por los populares para desgastar la federación y que en la lista nacionalista de agravios aún figura como una de las posibles razones del descenso electoral.
Con los puentes rotos y la evidente ventaja institucional de Madrid, de quien depende la financiación y la liquidez de la Generalitat, Mas ha iniciado un tímido deshielo institucional. Los populares ya ven el agua caliente al cuello de Esquerra. De momento, sin embargo, la única víctima confirmada por ahogo es la posibilidad de convocar una consulta pactada.

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